martes, 25 de octubre de 2016

Año Ocho.

Ser y Estar.
Los recuerdos se acomodan a nuestros presentes, y un hecho traumático pasado puede ser recordado con nostalgia y con cariño y hasta con añoranza en una ensoñación actual... como por ejemplo, mi primera clase de inglés. Creo que mi extenso vocabulario castellano está falto de palabras para describir mi total negación y aborrecimiento de la tan loada lengua de “Chespir”. Pero, he aquí que mi memoria dulcificada me trae a un grupo de amigos entusiasmados con su primera clase de inglés en sexto de EGB, contando a voz en grito por la calle lo apasionante y fácil que era el afamado verbo “TU BI” y lo útil, y lo maravilloso y lo curioso que me resultaban estos ingleses teniendo un solo verbo para decir “ser y estar” Un recuerdo genial y luminoso. Ser y Estar, dos cosas que a mí, antes y ahora, me parece tan importante separar. Así me va con la lengua esta del demonio... Pero sirva este sonriente recuerdo  para seguir con el SER y con el ESTAR sin recuerdos, en este presente. Los momentos acuden irremediablemente y a veces con la suficiente conciencia para poder estar preparados y ser consecuentes. Llegan con ellos un par de ideas que me van saturando,  dos elementos tan máximos como lo son el tiempo y el espacio. Ese espacio que nos hace estar en lugares y este tiempo que nos hace ser conscientes de no estar en el territorio adecuado cuando se debe. Muchas cosas de esta vida en carretera que a veces coinciden y se aúnan con la casualidad. Siempre pasa, ya lo sabemos, los tiempos no nos respetan. Muchas vueltas a esta idea de querer ser y no poder estar. De visualizar la desgracia presente de no vivir ese futuro que nos permita viajar en segundos. Quiero estar en muchos sitios a la vez, o no a la vez... pero quiero estar. Quiero ser importante y sentirme así a cada segundo. Quiero ser y estar. Pero no se puede siempre. Ahora que llegan las fechas de recordar que un día empezamos a escribir, también quiero estar aquí, estar escribiendo con continuidad, pero no lo hago tampoco; no sé si los ingleses tienen una palabra para QUERER y PODER, tendré que buscar el idioma adecuado. Pasan los años y vivimos en estadios vitales evolutivos, eso es la vida, nada nuevo en los cajones de los lugares comunes, y aquí seguimos, o al menos queremos seguir, desempolvando direcciones de blog para escribir estas reflexiones y compartir con el espacio sideral, el ciber espacio, esta idea de querer ser y poder estar. Muchas líneas he escrito desde la última vez, podría hacer un corta pega de las entradas de este blog, repetitivas y manidas a veces, ilusas en otros días. Poder ser, y querer estar, para darle la vuelta. Mi vida, mi momento universal, se encuentra en un pequeño bucle, un retroceso de las decisiones presentes, que espero recordar en un futuro con buen color y anhelo. Mi Bien és y está, independiente de la distancia, completando las líneas que no escribo y ayudando a escribir las líneas que año a año completo en otros papeles, folios, hojas y cuadernos. Con eso me contento, con estar buscando ser al lado de otro de ser. Ahora, ocho años después de las primeras líneas, estas líneas se escriben bajo el paraguas de estos días, que son los que son, en los cuales pienso mucho en los lugares en los cuales no estoy queriendo estar, en las líneas que escribo queriendo ser, y en las palabras que me gustaría decir para aquellos a los que me gustaría hacer sentir que estoy.



jueves, 12 de mayo de 2016

39.

Hay temas que nos retumban en la cabeza hasta la saciedad, hasta el daño. Temas, ideas, situaciones, que nos impiden avanzar emocional y físicamente. Cada cual tiene los suyos, estoy seguro de ello. Permanentes y derivados de situaciones casuales. Palabras, hechos, personas, motivaciones que son recursos de nuestro cerebro para detenerse. Tengo varios, o muchos, o algunos, depende del momento en el cual me pare a pensarlo. Algunos son laborales, devenidos de aquello que necesito para hacer, entender, comprender, disfrutar (o no) de mi propio trabajo. Otros son íntimos. Algunos son etéreos, livianos, superficiales, domésticos o del día a día. Otros son impersonales. Algunos son personas, recuerdos asociados a alguien, temas que se esconden en cuerpos y almas. Mil. Bloqueos que se detienen una décima de segundo para motivarnos... y aquí estamos. Recurriendo a ello: el dolor. A la necesidad de sentir dolor. Esta es la idea, el tema, la inflexión temporal que me tiene ahora retenido en mis pensamientos. Siempre he pensado que la memoria es extraordinaria, que es una caja sin fondo en la cual inevitablemente se acumulan los recuerdos sin que podamos evitarlos. No sé cómo funciona, pero sé que es imposible decidir conscientemente recordar algo. O mejor dicho: olvidar algo. Sí que tenemos (pienso, creo, elucubro) la posibilidad de hacer perenne una idea, para que no llegue nunca a ser un recuerdo, porque decidamos voluntariamente dejarla fuera del cajón que representa nuestra retentiva y que aquello esté vivido, fresco, o al menos presente. El dolor, la sensación de dolor, de pena, de sufrimiento, es adictiva. Nos regodeamos en nuestro dolor con el miedo de que al “olvidarlo” parezca que no nos importa. Si algo nos ha causado un dolor brutal, muchas veces queremos mantenerlo ahí,  como testigo de nuestra pena. Ya no podemos dejarlo. Pensamos que al sentir ese dolor somos más humanos, el dolor mantiene la vida y pensamos que no tener ese dolor con nosotros es igual a no sentirlo. Escribo desde la distancia, desde la fuerza, desde la estabilidad que me da no sentir a día de hoy ningún rencor, ni dolor, ni pena... escribo desde la fuerza de haber superado mi adicción. O una adicción muy humana. Todos lo hemos sentido, consciente o inconsciente, real o imaginado; pasar por una situación traumática y sentir que és algo que nos mantiene en primera línea de juego: con quienes nos rodean y nos consuelan, con el remordimiento de uno mismo, con la culpa, con el odio, con la venganza, con cualquier cosa que cada uno de nosotros deseamos mantener. El dolor, la pena, es adictiva y nos mantiene vivos. Mantiene vivo un recuerdo de un ser querido que se marchó, de un amor que se esfumó, de un mal paso, de una pérdida accidental, de millones de cosas... sentir y mantener el dolor nos acerca mucho hasta aquello por lo que sufrimos, y sentir que no sentimos nos hace cortar ese vínculo. A veces vemos la línea del olvido, la línea que sabemos que debemos traspasar para avanzar, para superar ese o aquel dolor, pero no queremos cruzarla... queremos sentirnos en nuestra pena, regodearnos en nuestra adicción que nos proporciona una excusa, cara excusa, para cometer atrocidades, para no salir de la cama, para mantener el odio, para ser protagonistas de esa película que nos hemos montado alrededor de un dolor. Releo mis palabras inexplicables y farfullo entre dientes lo ininteligible que parece todo lo escrito y lo claro, límpido y sencillo que es al verbalizarlo. Difícil esto de escribir, pero... tenía que ponerlo aquí, o allá, o meterlo en una botella para tirarlo al mar. 

martes, 12 de abril de 2016

38.

Releer. Este he escuchado siempre que es el primer ejercicio del escritor. Leer una y otra vez las ideas que se escriben para buscar las palabras que deben dar continuidad y quedar satisfecho de lo que se ha garabateado. Evidentemente no es mi querencia, lejos estoy de la pretensión del oficio de la escritura, y dudo que los escritores se sirvan de máximas o reglas. Aun así es algo que siempre está presente, poco cuesta, la rutina de la lectura. Gracias a esto me doy cuenta de los temas recurrentes, de los espacios conocidos y lugares comunes a los que me remito cada vez que pretendo sacar algunas líneas y termino por saltar de entrada en entrada de lo ya publicado: la casa, la familia, el tiempo, el amor, la pena, las ideas felices... Últimamente, a las fechas me remito, el tiempo se alarga entre una y otra visita al mundo del blog. Quizá no tenga tanto  que decir, que escribir, que compartir, o incluso quizá haya perdido las ganas de compartir nada con todos porque ahora lo comparto todo de forma más selectiva, íntima, en espacios más pequeños y con menos retórica.  Me consuela que no dejo de escribir en cierta forma, que el trabajo obligado también tiene ese punto de necesidad creativa que me hace sentarme con los textos, más ajenos que propios eso sí, a no cejar en el empeño de la relectura, la escritura, la tachadura y la cara dura. Paréntesis eternos motivados y auto excusados para abandonar esta senda. De vez en cuando surgen esas cuatro primeras ideas que anhelamos convertir en negro sobre blanco, con un tema, con un lema, pero que a la hora de la verdad son vacuas y cuesta de rellenar con sentido. Gran ejercicio este de escribir sobre lo que no escribo. Es tarde, estoy cansado, estoy lejos de mi casa, pero al mismo tiempo en mi propia casa. Lejos de la ciudad, pero dentro de la tierra, de mi tierra. La familia que queremos dejar allá para estar cerca duerme, reposa y deja de bullir en la llanura acomodada a otros ritmos. En unas horas vuelvo, regreso, retorno, respiro. En este afán de añorar acciones, actividades, recuerdos y formas, llevo conmigo el pensamiento del tiempo: del segundero que me atormenta en el reloj de cocina. Aquí, desempolvando agendas viejas, y traspasando apuntes a las nuevas tecnologías, que nos arrastran del papel al “calendar” de la semana vista al “correo recordatorio” Aquí empezó todo. A medir el tiempo en páginas, en apuntes de colores para discriminar reuniones, cumpleaños, fechas e hitos. Recuerdos que se han actualizado estos días, que nuestro tiempo ya no es nuestro sino de las redes sociales que nos hacen de madre amantísima recordándonos el cumpleaños de tal o cual familiar  putativo.  Yo estoy en ello. Intento actualizar mis cacharros modernos y hacerlos pareados a mi clásica agenda. Apunta lo que pasa, porque lo que no está escrito no existe. Así nos va. Vendidos al tiempo egoísta, al tiempo del egocentrismo que nos hace publicar nuestras fechas de cumpleaños para que todos nos feliciten. Releo el paso del tiempo, cumpleaños virtual de ese alter ego literario que me libera cada vez menos, porque cada vez más pienso que siento que soy más feliz. Releo las historias imaginadas, los pensamientos subversivos ingeniados  de una vida alternativa que no me interesa. Releo las necesidades que cada momento me demanda. Escribo ahora, porque tras releer y demandar, mi agenda me dice que hay fechas que celebrar, y no todo el mundo lo sabe. Amo de mi destino, dueño de las ignotas imágenes que queremos evocar. Mi agenda dice que el cuatro de abril es mi cumpleaños y que quizá, por mucho que me disguste celebrarlo de vez en cuando hay que decirlo para que la gente lo sepa. El tiempo, los tiempos, los mundos, nos hacen disfrutar de las comodidades de no tener que recordar. La memoria, el recuerdo, el tiempo... Releer...

viernes, 1 de enero de 2016

Año Siete.

Con retraso.
Con meses de retraso. Quizá, puede, quien sabe, no sea un retraso, sino un acondicionamiento circunstancial del tiempo, que como todos sabemos es relativo. La verdad es que estas líneas son un regreso al pasado, una retrospectiva de las palabras que nunca se escribieron en un momento laxo. No quiero decir que debían haberse escrito, o que tenían que haber sido escritas unos meses atrás... no hay condicionales imperativos en la búsqueda de los discursos acompasados a la inusual experiencia de la escritura. Simplemente no llegaron cuando el tiempo común marcaba y han llegado ahora. Igualmente, de la misma forma vienen a significar lo semejante: aquí estamos. Ahora loando doble: el tiempo que pasa en mi particular contador de historias y el tiempo mortal, terrenal, marítimo y casuístico que nos coloca a primeros de un nuevo año. Celebremos que seguimos pues dejando impronta vulgar de andanzas. “Grandes cosas han pasado” que diría Marcela, pese a ellas, o por ellas, las letras no se dejaron pensamientos en el camino. Historias de amor, de desamor, fantásticas, míticas, vulgares, sonoras, familiares, clásicas y postmodernas que se escribieron con mayor o menor credibilidad y certidumbre, vehemencia o parsimonia, con la diferencia de la canalización. Aquí, este pobre “blog” que me atormenta ha sido el que más ha sufrido las andanzas vitales devenidas en el terreno, y que hacen que se busquen otras fórmulas más atractivas: wasaps, correos, algún “sms”, cartas, un “twit”, postales, guiones, aquel “post” de “Instagram”, relatos, notas al pie, “posits” escondidos, dedicatorias en un libro viejo, aquel “chat”,  notaciones en la agenda, letras en un espejo empañado... todo lo escrito, escrito está. Ahora,  para aunar estos esfuerzos, hago promesa de propósito de año nuevo, de nuevo año, para no dejar caer la tentación de la vagancia que me empeña en recordar que esta ventana que se abrió aun quiere ser ventilación y vano de vida, de alma y de espíritu. Este escaso año de entradas, de melancolías, de ideas absurdas que publicar se llena de personas que cubren con creces las necesidades de vaciarme, de sonreír o de llorar, y que de repente restan poder a esa vía de escape que era, y buscar mi Bien consigue que no esté en otra cosa tan simple o compleja, que en la de ser feliz y vital, y que mi amante, falso/verdadero/ritual vaya ocupando lugares de noches y escrituras, correcciones, dramas, versiones, luces, sombras, adaptaciones, críticas, recursos, recuerdos y mágicos deseos en detrimento de este primigenio manual. Los inconscientes seguirán su curso con independencia de que alguien se hubiera autoproclamado guía de seguimiento, cosa que ciertamente ni me preocupa ni alivia, ya que nunca hubo ejército al cual arengar. Así están las cosas a dos de enero. Al inicio del año séptimo, como si de una nueva era se tratara, volvemos a pensar y repensar palabras, sintagmas, para no caer en olvidos, para recordar miradas, asesinatos, frases, sentimientos, idiomas difíciles de aprender, pequeños países que visitar, grandes Imperios que seguir conquistando y viajes a la luna pendientes.
Quizá Brecht se empeñe siempre en la idoneidad de los tiempos para ser más o menos líricos, pero no era más que un apunte para motivar a las siguientes generaciones. Así haremos, y nos escribiremos vidas, cigarros y balcones, ventanas y luces, lunares y pieles, que se confundan con la realidad, que tienen aquí un bonito lugar para perderse.
Quizá un año sea el último. Pero no será este.

Quizá sea luego, o después...

martes, 17 de marzo de 2015

Invencibles.

Seremos invencibles Amor…
Nos camuflamos, nos protegemos, nos resguardamos de los monstruos, de los dragones, de los males que nos acechan. Nos asusta el dolor conocido y huimos del dolor desconocido. Pero sé cómo vencerlo.
Seremos invencibles Amor…
Buscamos la soledad como camino a la inmortalidad, como ruta de lo inmóvil, de lo malo conocido. Mejor hacernos daños nosotros mismos que dejar nuestro corazón al dolor causado por otras almas. Pero decido cambiarlo.
Seremos invencibles Amor…
Aparecemos acaparando el tiempo que poco se preocupa de nuestra vida como si fuésemos sus protectores, como si ése devenir de los días necesitara de nuestra implicación total en verlo correr, como si acaso a él le importáramos. Pero espero paciente.
Seremos invencibles Amor…
Nos balanceamos en decisiones que poco o nada nos conducen a las respuestas lógicas, a los caminos certeros. Oscilamos en dudas que parten las vidas sin que ninguna mitad nos sirva.  Pero escucho otras palabras.
Seremos invencibles Amor…
Encontramos montañas escarpadas trepando paredes verticales desafiantes imposibles guiados por las ganas de llegar a la cima. Cimas, cumbres y alturas que no son sino continuidades para ver los caminos con más soberbia, para mirarnos desde lo más alto. Pero subo contigo.
Seremos invencibles Amor…
En distancias, en batallas, en silencios, en pensamientos negativos, en monstruos debajo de la cama o dentro de los armarios, en nevadas que cubran los caminos, en asfalto eterno que no nos deje avanzar fuera de nuestras urbes.
Seremos invencibles Amor…

-    "¿Qué haces?"  -Ella había subido sigilosa, y lo miraba desde el quicio de la puerta de la cocina con el café humeante en las manos-
-    " Escribo una carta de amor." – Él, a contra luz del escritorio se acomodaba las gafas rebeldes-
-       "¿Para quién?"
-      "  Para ti."
-      " ¿Y què em dices?"



jueves, 26 de febrero de 2015

...ventanas...

“¿Qué se ve desde tú ventana?”

Después de un pequeño momento de silencio, volvió a preguntar con insistencia.

“Dime ¿Qué se ve desde la ventana?

El silencio había sido el hecho físico de una reflexión: mentir o no.

“Veo el mar”
Otro momento de silencio amparó aquella respuesta.

“A ti te gusta el mar”

Aunque no podían verse, ambos sonreían.

El ruido de los coches al pasar podría semejarse, cerrando los ojos, y añadiendo un poco de imaginación, al romper de las olas en algún lugar. El sonido de la ciudad, podría ser la brisa rozando la superficie de aquel océano remoto. Los sonidos de la calle podrían, si quisiéramos, ser el bullicio de las playas en verano.

“Desde mi ventana sólo veo casas”

Ahora desde esa ventana se veían pocas casas, pocas cosas. La noche impedía ver nada más. Destellos de farolas quizá. Silencio oscuro de la luna cubierta. No podía imaginar nada porque de todo tenía una imagen real. Todo estaba allí.

“Ayer recordé una frase”

Como si las conversaciones fueran fluidas. Así se movían los sonidos metálicos que hacían inexistentes las distancias pero eternos esos silencios.

“No se ve lo que es importante”

De nuevo las sonrisas se dibujaron en la ignorancia de no poder disfrutarlas.


Ahora, al mirar ambos por sus ventanas oscuras, negras, nocturnas lo que percibían con claridad eran sus propios reflejos pensando que se estaban mirando, aunque ellos no pudieran verse.

viernes, 6 de febrero de 2015

gente normal.

Cuando sonó por tercera vez el segundo despertador de la mesita de la derecha saltó de la cama como un resorte para correr a la ducha. Revisó la ropa que había dejado preparada la noche anterior y abrió la ventana para que entrara un poco de aire de la mañana. Se lavó los dientes, con la pasta de flúor, y después de quitarse el pijama, doblarlo y dejarlo colocado pulcramente en el tercer cajón, entró a su agradable agua a 38 grados. Se lavó el pelo, lo enjuagó, volvió a lavárselo, y se enjabonó de arriba a abajo durante 10 minutos. Después de la animosa ducha se aclaró y escurrió meticulosamente cada parte de su cuerpo, secándose el pelo, brazos, torso, piernas y brazos. Salió del baño y se vistió con cuidado desde los pies a la cabeza. Colocó la toalla, recogió el baño, y cerró la pequeña ventana que evitaba la condensación. Hizo la cama cuidadosamente, colocando cada uno de los elementos en su sitio habitual: cojines, almohadas, manta, colcha y el edredón térmico de media densidad. Puso en hora los despertadores y se dirigió a por su primer café, el de las 7.45 de la mañana. Lo acompañó con un zumo de dos naranjas, con tres tostadas (dos de mantequilla y una de queso) El café mezcla molido con leche semi desnatada. Todo preparado mientras escuchaba las noticias en la radio. Fregó los cacharros del desayuno, recogió la cocina y apagó la radio para empezar a disponer la jornada laboral; no sin antes pasarse el hilo dental, lavarse los dientes (ahora con la pasta blanqueadora) y refrescarse con su elixir bucal sabor menta. Era la hora ya de encender el teléfono. No entendía muy bien a esas personas que dejaban el teléfono encendido durante la noche. Mucho menos a las que lo dejaban además en la misma habitación en la que duermen, no como él, que lo guarda en un cajón en el mueblecito del salón. Antes de salir a la calle aún tenía un par de cosas que hacer. La primera recoger la ropa tendida. Toda ropa negra, que es la colada de los miércoles. No como la de los jueves que es la de color o los martes que es la blanca. Además cerró la ventana del dormitorio. Por último, ya con todo preparado para salir y revisadas demás ventanas y luces para no perder energía calórica durante el día, pasó a la pequeña habitación. Allí pudo ver con tranquilidad que el hombre seguía inconsciente, y que las heridas de los golpes casi no sangraban. Le aflojó un poco las cuerdas que lo ataban a la silla, notando entonces que se despertaba. Los ojos llorosos, hinchados, lo miraban con pena. Comprobó que la cinta que tapaba su boca aún seguía bien sujeta. Dejó un pequeño resquicio abierto en la ventana para que la habitación ventilara un poco. Pensó que sería suficiente. Se acercó al cuerpo desnudo y ensangrentado de aquel hombre para despedirse:

-         - No te preocupes mucho. No queda nada. Esta noche volveré temprano y te mataré.


Cerró la puerta de la pequeña habitación con llave y la colgó en el cajetín con el resto de llavines. Aun le quedaban cinco minutos para seguir sus rutinas y salir de casa como siempre a las 9 de la mañana. Decidió emplear aquel tiempo en colocar los cojines del sofá, que parecían dispuestos con cierta anarquía.  Al salir comprobó la pequeña pizarra colocada en la puerta, en la cual se recordaba no olvidarse de: llaves, documentación y teléfono. Ya en el rellano, mientras esperaba al ascensor, volvió a palparse los bolsillos para comprobar que todo estaba en su sitio y poder cerrar con la seguridad de no dejarse nada importante dentro. Bajó a la calle y comprobó como el restaurante chino de la esquina había vuelto a dejarle publicidad en el parabrisas. Lucía el sol. Parece que hoy sería un día bonito.

viernes, 9 de enero de 2015

37.

El atardecer tiene ese color romántico que sólo se puede ver desde un lugar sin cerebro, desde una posición meramente bucólica. Si se mira con los ojos de cualquier manera perderá todo su idealismo. El ocaso. Paradoja y metáfora todo en uno. Así empieza el año, con un atardecer. El día primero parece que se vende a los deseos más carnales y aunque no todo el mundo lo vive igual, en este caso se ha dejado llevar por festejos y fiestas y excesos de una noche única, vieja e irrepetible. Así, el atardecer es lo que despierta al entrar por el ventanal y no el amanecer, con similar luz pero diferente orientación. Noche americana. Con esa luz tan peculiar reflejada, y el café del desayuno a las cinco de la tarde, aparecen los nuevos propósitos de este año que acontece. Propuestas de nuevas vidas. Alguno de aquellos deseos, o buenos o nuevos deseos deben ser accesibles. Lo dicen todas las revistas de nuevas y vitales calidades. No sirve de nada establecer una meta inalcanzable para nuestra propia conciencia. El lunes empiezo. Así me digo sin saber en qué día amanezco, perdón, atardezco. La ducha suena y me saca de mis cavilaciones. Un nuevo año que llegó con un propósito corpóreo. Siempre aun así, a mí me gusta llevar a mi lista de anualidades alguna cosa más romántica para intentar cumplir en el nuevo año. Las realistas, las verdaderas llegarán a cumplirse en función de la realidad anual, como los programas políticos, en función de la realidad social. Quiero correr más, quiero comer mejor, quiero dejar de fumar y beber menos los fines de semana. Quiero leer un par de libros al mes como cuando estudiaba en la universidad. Quiero volver a tocar la guitarra. Quiero ser más ordenado. Quiero ser mayor… y de repente se cruzan ya los ideales a cumplir en doce meses. Poder sentir que hago feliz a mis amigos y a mis amigas desde esta lejanía que da vida. Pensar que se puede reír mucho más con los pensamientos positivos que con los negros nubarrones de las almas atormentadas. Me gustaría desear que durante los próximos trescientos sesenta y cinco días mi angustiosa existencia se irá calmando para encontrar una luz menos oscura. Quiero ser feliz y no dar pasos que compliquen esa sencillez. Quiero pensar que se puede respirar sin mirar una agenda. El agua de la ducha deja de caer escandalosa y me anima a llenar otra taza de café para esperar. Quiero aprender inglés. Quiero escribir todos los días unas líneas para terminar una obra maestra. Quiero ir a mi oficina en bicicleta todos los viernes. Quiero decirles a las personas que me importan que las quiero de verdad sin importar el rubor que me causa sólo el hecho de pensarlo.  El atardecer romántico se oscurece un poco para dejar paso a la noche que nos volverá a cubrir en lascivas reflexiones de día dos. Noto que unos brazos mojados se agarran a mis pensamientos para enfriarlos. Dos latidos que se acoplan en un primer atardecer. Me toca ir a la ducha, a continuar con la lista de propósitos, a limpiar los restos de los malos pensamientos que se agarraron al pasado año y a repasar quizá la enumeración de aquellas acciones que en una fecha similar llegaron y que ahora deben salir para dejar su espacio a las nuevas ideas. Quizá en este repaso visualice victorias de realidades conseguidas y que ahora no encuentro. Aquellos brazos sujetan su taza humeante. La mirada enorme me inquiere sobre mis pensamientos. La casa está tranquila. El día está tranquilo. La vida aún no ha comenzado en este día que ya parece que termina. “No pienso nada” miento con descaro para ser descubierto. Nunca pienso en nada. La luz del amanecer llegará en unas horas, y nos volverá a sacar de sueños y de ideas y de lugares horizontales para reactivar la memoria de estas ideas, de estos propósitos ficticios y reales, románticos y factibles.  El nuevo año llegó con un desperfecto desorden de vidas. Nos deja oportunidades para celebrar y el propósito de enmienda de los errores, de los aciertos. Ayer brindamos por el año que se terminó, porque se lo ha merecido, porque nos ha soportado y porque nos ha sobrevivido. Ahora, con pensamientos de nuevas aventuras, de nuevas vidas, de nuevas almas y caricias, tenemos la virtud del nacimiento.  Noto el agua caliente caer. Cierro los ojos. Los brazos mojados vuelven a rodearme, y me sacan de pensamientos excesivos… Quizá ahí fuera,  sigue el atardecer esperando el nuevo día.

martes, 23 de diciembre de 2014

Lyubov'

Salí del apartamento con la sensación de dejarme algo importante. Básicamente la conexión wifi. Pensando que poco podría pasar en esta mañana de domingo, fría y nevada, mis pasos se encaminaron por la pequeña calle Leontyesvkyi dirección Tverkaya. Mientras aligeraba el paso para llegar al metro pensaba que al final, las calles, sean de Moscú o de Móstoles o de Madrid, son iguales en todos lados. La aventura del metro estaba muy estudiada, sólo tenía que llegar hasta la parada de Pushkinskaya (línea morada, recuerda, línea morada) y hacer un transbordo en la Plaza De la Revolución. Luego ya todo en la misma dirección (línea azul oscurocasinegro) La teoría que había memorizado gracias a google estaba fácil. Pero los rusos son muy suyos, y dónde esperas que ponga “Ploshcad Revolutsii” hay una serie de símbolos que ni siquiera soy capaz de leer…. Malditos… Aun así, memorizando un poco los jeroglíficos, y contando paradas, todos los caminos llegan a Roma. O al mercado. El Metro de Moscú es bonito. Así en plan soviético, con las estaciones amplias y marmoladas y llenas de estatuas y pinturas y rusos y soldados. Las máquinas para vender billete tienen en grande un opción para poner el menú en inglés, (yes, very well fandango) 40 rublos de viaje (algo menos de un euro) Recuperé un poco la sonrisa al conectarme al wifi-free de los vagones, y poder hacer un poco seguimiento de por dónde andaba. La verdad es que no hay mucha diferencia: mismas caras de sueño, mismas miradas perdidas y todos pendientes de sus teléfonos. También hay músicos con acordeón. Mi parada de la línea 3 es Partizanskaya (esta era fácil de recordar, el fútbol es lo que tiene) Salir del metro también es una aventura. Yo pensaba que el cartel con el tipo corriendo indicando la salida era algo obligatorio… así que al no verlo me fijé en la gente y decidí seguir a los que tenían cara de “voy al mercado” Después de seguir a dos personas equivocadas y que me miraran mal, decidí buscar unas escaleras. Al salir del centro de Moscú sales de la parte turística también. Aunque el mercado de Izmailovo tiene mucho para los guiris, por lo que había leído, era lugar frecuente de los locales por tener un poco de todo. Una especie de Rastro pero que abre todos los días. Allá que vamos, como si fuera de San Petersburgo de toda la vida. Es un recinto, no son puestos de feria, y aunque está descubierto se puede pasear sin miedo a la fina nieve que cae. Es enorme y colorido. Tenía poco tiempo y sólo quería dar una vuelta para encontrar algún recuerdo sin los excesos del centro. Puestos de todo tipo: gorros, muñecas, cerámica, artículos soviéticos, camisetas con Putin, jarras con Putin, muñecos de Putin, llaveros con Putin… y comida ambulante a la parrilla. Una locura. Nada tiene puesto el precio, así que hay que preguntar, y ahí, en ese momento, es cuando al escuchar el acento, los comerciantes te dicen “Amigo” “España” “Euros” y sabes que te van a engañar. Como lo haría un español vamos. Entonces la necesidad me agudizó el oído y encontré a una pareja muy joven hablando entre ellos en la lengua de Cervantes y con los tenderos en ruso. Venezolanos estudiando. Y yo, una de las personas más antipáticas que conozco, haciendo valor para decirles: “Help, áyudame, en tu amistad he puesto toda mi fe” (bueno, así no, pero casi) Me explicaron que aquí se puede regatear por todo, pero siempre intentarán sacarte algo y mejor decir que eres estudiante (yo creo que ya no cuelo, pero me hizo gracia) Ocho Matrioskas, dos gorros, tres camisetas, un imán para la nevera, diez postales y cuatro jarras después, mis guías e intérpretes tenían que abandonarme a mi suerte. Comimos juntos unas brochetas a la brasa y les invité al teatro por la noche. No soy de hacer muchos amigos y ellos se quedarán aquí con un estupendo recuerdo en mi memoria. La vuelta al centro fue menos traumática. Sólo había que deshacer el camino (aunque me bajé una parada antes porque me despisté, en Teatralnaya) Me dirigí a correos a mandar mis postales y a mi café habitual, donde la camarera me sonríe, pensando en el pobre turista que pide las cosas señalando… Ahora ya tengo una conversación fluida con ella:
- Priviet, cofe smolocom, latte, as avoi, Jarasso. Spasiva. Paka. (Todo con acento de La Mancha)

miércoles, 3 de diciembre de 2014

35.

Lope lo tenía claro: “Atreverse”… Luego le dio un poco de literatura al asunto, pero el principio es el principio. Salimos a la calle y salimos a batallar. Parece que tenemos que luchar contra todos los elementos que se nos cruzan. Parece que para ser felices, para caminar, para disfrutar, para estar y ser, tenemos que atrevernos a las cosas, como si fuéramos unos cobardes por naturaleza con el miedo a vivir. Hace unas semanas, escuché una reflexión (escuché muchas esa tarde) que me quedó prendida: “trabajamos para ganarnos la vida” y la consecuente argumentación… parece que la vida no fuera nuestra. Evidentemente no le pasará a todo el mundo, ni todo el mundo tendrá una existencia angustiosa y habrá quien lo tenga fácil, o al menos no lo sufra. Cada cual busca y lucha a su manera, es cierto; pero ahí está el hablar de la vida y el  general de las consecuencias de nuestros pasos y el pensamiento final de que esta vida es un “valle de lágrimas” y no un “lecho de rosas” A veces me he negado mucho a pensar que para lograr la felicidad primero tenemos que sufrir; es la realidad aquella de creer que los triunfos logrados tras las penurias son más valiosos. Mentiras que nos decimos porque no nos atrevemos, porque no somos valientes, porque no afrontamos algunas situaciones, y tenemos que escudarnos en las sociedades del miedo. Yo no quiero sufrir… No quiero tener que sentir miedo a decir “ha sido fácil: llegué y triunfé” como si estuviera mal visto. Tenemos que ser valientes porque no nos queda otro remedio. De los cobardes poco se escribe. Nos aferramos a situaciones porque no nos atrevemos a dar pasos, porque a veces nos aterra la facilidad de la felicidad. Nos negamos aquello que nos dan porque nos educaron en la necesidad del sufrimiento. “Si no escuece, no cura” Atreverse… Deberíamos cambiar el valor de las palabras… luchar para que ese atrevimiento no sea a ganarse la vida, sino a disfrutar de lo que nuestra vida, ganada en propiedad por nuestros pasos, nos pone delante. Cada campo de nuestras horas tiene un atrevimiento… una valentía que superar, ante puesta seguramente a otros, más elocuentes que nosotros y que nos imponen sus vidas… los trabajos que nos aprietan, las relaciones que nos angustian, las personas que quieren ser y estar por encima de nosotros… luchas y atrevimientos para superar cada paso y cada estamento. Atreverse… ser valiente… tener cerca a quien nos socorrerá a levantarnos… atrevese a decir “ayúdame” es tan valiente como atreverse a afrontar los problemas y tomar decisiones firmes que nos hagan no sufrir. 
Pienso que esta vez no son tantas palabras sin fondo… porque a veces hay que atreverse a decirlas…

domingo, 16 de noviembre de 2014

Año Seis.

Llevaba unas semanas dándole vueltas este día... Pensando en escribir sobre este año de Amor. En este año de Pasiones. En este último año de intensas vidas. De letras apagadas, de canciones descubiertas, de miradas, de encuentros: para hablar de mi, de la Mujer, de montañas, de teatros del mundo, de palabras, de versos, de besos, de cambios, de casas, de lugares perdidos, de planes frustrados, de planes realizados, de miradas fugaces entre gente, de secretos, de listas interminables de acontecimientos que ocurren en semanas y segundos entre un año y otro. De la Luna. De lo que me mueve a escribir, de lo que me mueve a escribirte, de lo que me mueve a no recordar los sueños, de las necesidades de teclear año tras año palabras, entradas, post, e ideas felices y peregrinas. Llevaba unos días luchando contra los pensamientos espirituales, contra los deseos y contra los deberes. Echando de más y de menos, odiando sistemas, sintiendo rarezas de recuerdos, advirtiendo soledades y necesidades. Con el alma encogida y el corazón ensanchando su hueco. Llevo horas pensando... Ahora. Los aniversarios, nos impiden mirar al futuro porque se celebra el pasado. Se conmemora la duración y la permanencia. La resistencia al paso del tiempo, el triunfo de la continuidad. El peso de lo ya hecho. No es malo ni bueno, no es nada. Es el punto marcado para tener un recuerdo. Recuerdos. Mirando todo ese pasado, todo ese tiempo recorrido, al final, el deber que nos tenemos que poner es el de vivir cada momento para dejar un recuerdo cultivado, luchado y amado. Frases hechas que toman un poco de sentido común para no dejar sensaciones de fracaso, de no haber estado ahí, de no haber intentado vivir cada situación como si fuera la más importante de la vida, de sentir que aunque no es lo que debemos hacer, és lo queremos hacer; la espera, la continuación, la vida que queremos tener y no podemos. Es querer romper las distancias y los tiempos y las costumbres. Es llorar sin miedo delante de todos, es reír sin miseria, es amar de una forma casi pornográfica porque no dejamos de mostrarlo todo, de darlo todo, de mojarlo todo. Es vivir. Mañana será otro año. Mañana será tarde. Mañana sera el principio de otro final que nos moverá a otras entradas en otras casas. Mañana será otra silla en la que sentarse. Mañana no existe. Recuerdos agolpados será mañana. Aquí se encuentran todos y no se nombra ninguno... Aquí me libero de todo. Aquí le escribo a nadie pensando que lo lees tú. Aquí me invento una vida falsa camuflada de verdades. Aquí me despisto y me pierdo. Desde aquí puedo ser siempre un mentiroso. Recuerdo mis mentiras. Busco entre las lineas pasadas las verdades que dejé escritas para encontrar tantas lecturas como Ojos quieran verlas. Recuerdos tristes, porque parece que es lo que más nos gusta celebrar, aunque a veces me niegue, y me busque haciendo lo que me da la gana porque necesito sonreír a pesar de todo para recordar el momento. Llevaba minutos intranquilo, sintiendo que mi tristeza se quiere escapar, porque las pérdidas eternas nos empujan, porque nos frenamos ante la vida, porque necesitamos estar y ser y querer y dar. Me niego a tantas cosas... me niego a pensar que no se pueden recordar pensamientos futuros... me niego a no querer, a no amar, a no sentir cada paso, cada pasión, cada mirada y cada palabra, aunque me cueste la vida...porque no nos queda otra que buscar ese recuerdo que merezca la pena sembrar. Para que el día que no estemos, sólo puedan recordar que se murió viviendo todo. Para que el día que leamos otro año más, sea siempre un año menos de tristezas. Para enterrar a los enemigos, a las malas energías, a las desastrosas vivencias, a los dolores de alma. Cada año que pasa y escribo siento que pierdo algo, que dejo algo, que algo pasa... pero al mismo tiempo siento ganado un segundo de infinita paz, porque no se puede hacer de otro modo, no se puede hacer otra cosa que vivir con todo para morir sin nada que reprocharse, para morir sin nada dejado, para morir habiendo amado, escrito, actuado, leído, soñado, rozado, mirado, robado y sentir ese abrazo... El próximo año vendrán otras letras cargadas de tanta razón como estas tienen. El próximo año será la corrección de éste. El próximo, ése que empieza ahora, borrará como un diluvio los males adquiridos...

He llorado mucho este año. He amado más. He reído mucho este año. He ganado mucho más de lo que he perdido.
Todo queda escrito en tinta invisible...



                                                                                                                                     ...adiós Lalo...

miércoles, 29 de octubre de 2014

34.

...las diez y media...
No sabía muy bien si era tarde o temprano. Como horario diario, tarde: las siete de la mañana era la hora habitual, rutinas de viejo, que decían. Para ser domingo ocioso era temprano. Pero la cama no tenía ningún aliciente. Las camas vacías no tienen ningún atractivo. Cerró los ojos un momento para chequear los daños colaterales de la noche. Todo en su sitio, todo puesto, nada que reseñar. Sin salir de la cama, encendió el teléfono. Pensó que si fuera fumador lo primero que hubiera hecho es encender el cigarrillo. Repasó mensajes y buscó algún rastro no deseado dejado en el camino a casa. Respiración resignada restringida. No se puede así.
… once menos cuarto...
Ducha de purificación. Quitarse olores...humo de otros, copas de bar, perfumes de otras, sabores amañados, pensamientos impuros de recuerdos poco castos. Estaría bien que la tristeza se fuera por el desagüe. Los domingo amaneces triste. El agua rompe, quema, derriba, abrasa, cómo si quisiera conquistar la casa de un tirano.
..once y media...
Café. Solo. Amargo. A lo holandés. La mañana respira tranquila. Soleada, amable. Como si nada tuviera que ver con el mundo. La casa acompaña y deja que por sus ojos entre toda la luz, con ese color tan diferente que tiene el momento sin prisas, que juega entretenida con las sombras lentas de imperceptibles movimientos que hace que todos esos objetos inanimados puedan moverse por unos segundos. La radio canta palabras de Despedida. Vuelve a cerrar los ojos.
..las doce...y sin vender una escoba...
Justo a la entrada de la calle, tan de domingo con el mundo, hay un quiosco de prensa, que ocupa una considerable parte de la acera con todos los suplementos, revistas, panfletos, y demás accesorios. Un universo de posibilidades que se abre ante la multitud que aflora como caracoles en los jardines soleados. El periódico. El entretenimiento. El banco al sol. El pequeño jardín que aun mantiene la dignidad del césped. Las noticias. Los suplementos. Los reflejos en las gafas de sol. Las risas que se comparten. Los comentarios de aquel artículo curioso que no se hacen. Miradas cómplices bajo sombras. Recuerdos de otros domingos. Malditos todos.
...la una..
Teléfonos.
  1. ¿Cómo está papá?
  2. Sí, ya tengo los proyectos.
  3. ¿Cómo están los niños?
  4. ¿A que hora es la reunión mañana?
  5. Feliz cumpleaños.
  6. ¿Cómo está mamá?
  7. Mañana a primera hora si falta.
  8. ¿Cómo estás?
  9. ¿Que tal terminaste la fiesta?
  10. Al final no saldré hoy.
  11. Necesito que me envíes unas cosas hoy.
  12. Llámame cuando escuches esto...
  13. Me gustaría verte...
  14. Te extraño...
  15. ...suspiro...silencio... incomunico...
...las dos...
Sin hambre. Sin sueño. Sin alma. La cocina se agita. Restos de la semana para consumo propio. No hay gusto por cocinar. Males inevitables de la soledad. Mal necesario de la salud. Neveras rojas, platos blancos, vasos de IKEA. Noticias, informativos y la búsqueda de algún programa lo suficientemente aburrido para no tener que pensar en nada más. Quemar la neurona al amparo del sofá que recibe a Morfeo sin horarios. Acontecer de nuevos sueños vencedores. Repaso a las imágenes retenidas. Retina de memoria. Excitación. Amables siestas al amparo de mejores pieles nocturnas.
...las cuatro y diez...
Café. Dulce. Frio. Pervertido de leche. A lo español. Sonidos necesarios. Mesas de trabajo. Paréntesis temporales que convierten los domingos en cualquier otro día de la semana, porque las rutinas son las mismas, porque los pensamientos se evaden entren números, entre fechas, entre tiempos. Agendas que se abren. Miraba la suya con anhelo de tener todo lo escrito vendido. Así no pensamos mucho. Gastamos el valor más necesario. Gastamos el tiempo.
...las ocho...
“Viste
triste
Sol.”
Ocaso. Calle. De repente, se acuerda de su tristeza. Ya no hay sol impertinente. La chaqueta se hace suficiente abrigo para salir a pasear. A dar una vuelta por el bullicioso centro. A dar dos vueltas por el silencioso recuerdo. A dar tres vueltas de tuerca a tanta tontería. Refresca el ambiente y se nota la nariz fría. Pasos contados. Paso tranquilo. Paso entre gente anónima. Estaban todos. Menos tú. Volver a casa. Siempre se vuelve a casa.
...las diez y cuarto...
Wassaps:
  • “Que bien ayer”
  • “imagen”
  • “¿Dónde te metiste?”
  • “audio”
  • “Viendo una peli”
  • “no te olvides de llamarme mañana”
  • “imagen”
  • “Están poniendo una de buena en La2”
  • “¿Quien era la tia de ayer?”
  • “Que domingo mas tirado”
  • “¿Te apetece si nos vemos esta semana?”
  • ...silencio... “Hola”...
  • “Carita con beso”
  • “Carita con beso y corazón”
  • “Carita triste”
  • “Carita alegre”
  • “Carita de te hecho de menos pero no puedo decírtelo”
  • “Carita de tengo ganas de verte”
  • “Carita de recuerdos esfumados”
...las once y cuarenta...
Todo tiene un orden. Repara en su mundo, en sus pertenencias. En la necesidad de que todo esté preparado para la batalla del siguiente día. La ropa, los zapatos, el traje, la corbata a juego, la bolsa y la vida. Todo preparado para hacer guardia durante la noche. Se asoma a su balcón. Si fumara sería el momento del último cigarro.
..las doce...
“...y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido...”

Besos...
Beso.
Sueños...
Sueño.




jueves, 2 de octubre de 2014

..las palabras...

… La alacena, barnizada con esmero en un tiempo pasado, ofrecía una imagen ordenadamente rústica entre tanto libro acumulado con desdén en los estantes que flanqueaban inmóviles aquel mueble. En su interior, brillantes al paso del sol por el lucernario del abuardillado techo, los tarros se apilaban expectantes, como sabedores de que aquellos pasos firmes resonando por toda la casa, eran el prólogo a una llegada inminente ante las puertecillas acristaladas de aquel armario que los resguardaba; Él se acercaría, miraría interesado por todos los rincones, abriría las puertas y tomaría alguno de ellos... ese sería el pensamiento de los inertes objetos. Aun así, sin alma ni conciencia, hubieran sido acertados aquellos, pues él se acercó con determinación hasta ver su reflejo en los pequeños simulados dameros que conformaban los batientes. Abrió las puertas y escudriñó hasta el más ínfimo detalle de aquel muestrario: grandes, pequeños, altos, anchos, transparentes, opacos, viejos, nuevos y medio llenos y rebosantes... pero todos con el mismo contenido: palabras. No estaban todas las palabras, evidentemente. Toda la casa estaba repleta de libros, revistas, anuncios... novelas, ensayos, poemas, dramas, notas, curiosidades, papeles encontrados en rincones, servilletas con mensajes, fotografías de pintadas y tarjetas que acaparaban el espacio sin orden aparente, (que no en desorden), para almacenar palabras. Pero allí, en aquel refugio de botes, se encontraban aquellas sustraídas por alguna razón especial, por algún motivo particular. Cuando la palabra era peculiar, extraña, o simplemente merecedora de un recuerdo sentimental, él la susurraba. Primero lentamente, casi sin ruido ni sonido, como si se asomara al balcón de los labios pero no quisiera ser vista. La murmuraba sin descanso, hasta ir tomando cuerpo. El aire se convertía en palabra con algo de volumen, y la repetición le daba ser... así una y otra vez, una y otra vez... hasta que por pertinaz, el etéreo susurro se hacía visible, presente y corpóreo. Era ese el instante justo en el cual, él solo sólo podía atrapar con la punta de los dedos, con el suave roce de la yema de su índice y su pulgar aquel ente, casi vivo, que fuera o fuese aquella palabra. Tras agarrarla con cariño, la acompañaba hasta su lugar en la ya conocida alacena. Depositándola dentro de alguno de los tarros. Allí, especiales, espectaculares, sinuosas, polisílabas, se acumulaban las palabras. Sustantivos, adjetivos, adverbios, verbos y requiebros. Había muchas... en muchos idiomas... en diferentes formatos... de un lugar a otro se podía saltar de “cachivache” a “electroencefalografista” o podía decir “amor” o “love” o “Любовь” incluso observar “liebe” o aunar “t`estimo” inseparablemente. A veces en los más escondidos se encontraban las más antiguas, o casi en desuso, como “algarabía” o “alcoba” e incluso algunas curiosas, aunque no supiera muy bien lo que escondían, guardaba, y allí estaba “development” o “cinquecento” En otro, había guardado los modales y apretado “rozloučení” “agur” y “búcsú” Era pues, un sinfín de corpóreas palabras desbordando vidrios. En otro pequeño, por alguna razón que ahora no recordaba, o sí, quien sabe, había tres palabras inconexas “cereza” “polvo” y “silla” llegadas del mundo imaginario de los cuentos. Hoy, ensimismado, quería liberar alguna. Pensamientos de palabras presas que se habían agolpado en sus pesares, y decidido a dar rienda suelta para que por un día, quizá una eternidad, algunas palabras flotaran. Quiso convertir “Besos” en “Versos” y que aparejadas disfrutaran... Quiso liberar “caricia” para evocar alguna piel; escapada, sin permiso “enamorarse” tomo posesión de su propia conciencia. Observó cada una de ellas, revoloteando entre cajas de libros amontonados, entre huecos de luz y cortinas, entre muebles atestados de papeles. “Libertad” susurró... Él, el Guardián de las Palabras, dejó de preocuparse por ellas, para que fueran ellas, infinitas las significantes, las importantes, las extraordinarias. Aletargado por tanto movimiento, se dejó caer, vencido por fascinación en un polvoriento escabel. Allí acomodado, respiró. Cerró los ojos... Pensó en aquella nueva palabra que había cercenado su pecho y necesitaba sin demora sacar de su alma... Susurró... una y otra vez... pronunciando con cuidado aquellas letras... y ahí, delante, de nuevo, volátil y sólida...apareció aquella palabra...

viernes, 26 de septiembre de 2014

33.

“La soledad es un paradigma de la dicotomía de la vida...”
Había pensado en voz alta. Solo, claro está. Pero en voz alta. Las luces de todo el horizonte se mezclaban con los reflejos de las últimas horas de solsticio. Todo se acaba, irremediablemente. El final del verano, como la muerte, puede ser dramático, pero nunca trágico. Así, de manera alcohólico-filosófica apuraba el cigarro y lo dejaba caer en la lata de cerveza que había decidido traer como compañía en aquel atardecer (solitario, evidentemente) del último día de aquella estación. Desde ahí podía mirar muchas cosas, y aquellas lejanas se hacían pequeñas ya en tiempos y espacios. Sabina en la cabeza, como si fuera un triste ligón de bar barato que usa sus frases como elocuencias, y pensara en buscar “Dónde habita el olvido” Poco a poco las luces y la noche le ganaban el terreno al Sol que cobarde se escondía tras las torres, parapetado de la Luna, que aun no había decidido dar señales de vida. Ahí estaba, liando el siguiente cigarro y abriendo su correspondiente lata para dar por cerrado el pensamiento. Nos creemos, como niños pequeños inocentes, que para hacer cauce de nuestras vidas necesitamos momentos de soledad. Estar solos para aclara nuestras vidas, nuestras ideas, nuestros caminos. Necesitamos retumbar en nuestras propias cabezas las mismas ideas una y otra vez. El cerebro manda señales: no te intoxiques, busca, respira, te necesitas solo sólo. Y ahí, como los niños de Hameln seguimos ese pensamiento. Hasta que nos paramos. De verdad. Solos de verdad. Solos para contemplar el ocaso consumiéndonos. Entonces toma el poder el corazón, o el alma, o la vida, o vaya usted a saber que cosa... y no queremos la soledad para nada. No la necesitamos... queremos esa compañía, queremos ese jaleo aislado, queremos otra cosa que tampoco sabemos lo que es... Respirar... No es lo mismo llegar deprisa que llegar lejos... El dolor de cabeza atormentaba un poco cada respiración y como si el cielo no quisiera tanta tontería, la noche se hizo fría, empujando al resguardo interior. El balcón seguía apeteciendo, la compañía en soledad no replicaba, y aun quedaba apurar vicios... espera un momento Noche. Estamos solos, dicen las frases que nos llevan a valernos por nosotros mismos. A querer ser y salir y ser egoístas de nuestros sentimientos. A no dejarnos querer porque nuestro dolor es nuestro y nadie lo debe sufrir, nos debe sufrir. Es inevitable, pensó, llamar a los pensamientos y a los sentimientos que nos han librado de la soledad en algún momento, para llorarlos, para recordarlos, para quererlos. “Es inevitable”, cantó, como si ahora se hubiera convertido en La Negra, y sus versos...y así volvió al pensamiento de origen, ese que nos lleva a no saber cual es el camino correcto, si el de la multitud o el de la soledad, el de la compañía, el del abrazo, o la caricia, el amor o el cariño, el amante, el amado, la pena...penúltima calada... penúltimo trago... ultima llamada...
-¿En que piensas?
No se había percatado en su pensamiento solitario que en aquel balcón oscuro ya no estaba solo.
-En nada.
-Me engañas.
-Sí, es posible...
Ella sonrío. De esa forma. De aquella manera. Se acercó para robarle la soledad. Sin preguntar. Le quitó el cigarro de la mano y lo apuró.
-¿Vienes a la cama?
Aunque sonó como pregunta, la Luna ya estaba ahí, imperativa y retórica.
Aun quedó en aquel balcón un instante, buscando en la lejanía el motivo de su soledad.

lunes, 8 de septiembre de 2014

...Do you remember?

En septiembre, hace un año, empezó la temporada de la forma más extraña...
Comenzó con las funciones de “Luouella Persons” en el off del teatro Lara. Actuando... (es pues ésta la última vez que me vestí de actor) Ahí estuve, haciendo mi papel lo mejor que he sabido.
Otra vida de empresario que se ponía difícil, y aquella esperanza parecía que tendría su año, Ventana que se abría cada vez más.
Había que hacer las maletas.
En Octubre, una vez iniciado el curso, camino de Navarra, a Peralta, a compartir una vida, un mundo y una pasión durante dos meses y pico. Seis días seis de “Veraneantes” en Diciembre versión de “Los desviaros por el veraneo” de Goldoni. Un trabajo magnífico, divertido, fácil y maravilloso con un recuerdo especial para todos.
Las Navidades fueron viajeras, pero fructíferas.
A la vuelta, despedidas...
En Enero “Ruidos en la casa” se despidió de los escenarios (en ese momento no lo sabíamos, pero fue la última) Impresionante ver el teatro lleno y sin parar de reír. Bonito aquel domingo.
Desde Febrero ya estábamos preparando una nueva aventura en Madrid: “3023” Trabajos de amor perdidos eran...Ahí fue el desembarco también de otra compañía: un equipo maravilloso para “TAPE”  que me acoge  para ayudar, estorbar, poner malas caras y de vez en cuando, acertar.
Antes de Semana Santa empecé a preparar el final de curso. Siempre es un jaleo, pero este año encontramos el camino: “Presas” una maravilla. Adaptar para hacer un texto accesible y preparar dos elencos para dos puestas en escena en tres meses.
Marzo es el mes de teatro. Ahí despedimos, también sin saberlo entonces “Mujeres de arena” tras 45 funciones en tres años, en el Círculo Catalán (de Madrid). Si no me falla la memoria, tres funciones, tres...
Lo mejor, sin embargo, de Marzo, fue cruzarme con La Mujer. Por culpa del teatro, en un teatro, con mucho teatro, un Día del teatro.
Abril me lleva a estrenarme con los mayores y el CDN y “Boomerang” es su texto de ida y vuelta. Dos meses de trabajo que se hacen cortos por lo que se aprende de actores, director, dramaturga, jefes, técnicos y la sensación de las posibilidades infinitas de viajar...aunque sea a Rusia...
En Abril abrimos la temporada por fin de “TAPE” de un hotel en una Pensión.
Me daban ganas de llamar a Sabina y decirle que Abril lo tenía yo todo.
Hay una despedida más... y dejando puertas abiertas cerré aquella Ventana.
En Mayo estrenamos “3023” en “Espacio Labruc” con apoteosis todas las semanas, y mejores miradas un día, prorrogados hasta Junio. Trasladamos la habitación de nuestro hotel de “TAPE” a la sala principal del Teatro Lara. Impresionante esfuerzo.
Mayo es el mes de respirar, de saltar sobre olas, de pensar que todo pasa por algo...
De comenzar a buscar a Lope por aquel pueblo de Córdoba.
El 6 de Junio, volviendo a mis viejas etapas de profesor de teatro en colegios, dos grupitos de extraescolares mostraban nuestro trabajo de dos semanas con sus propios textos. Unas máquinas estos chavalines.
El 8 de Junio, sin respirar, estrenamos “Presas” en San Sebastián de los Reyes. Quizá de los más bonitos que recuerde, de los mas intensos, de los mas todo...
También me robaron el ordenador ese día... y la tablet... y la agenda... 
Solo diez días después, el 18 de junio estrenamos en la sala de “La Princesa” del teatro “María Guerrero” nuestro “Boomerang” viendo inquietantes y expectantes diez maravillosas funciones.
“Fuenteovejuna” de Lope, ya estaba en marcha desde Mayo y ahora faltaba el empujón final. Junio es un no parar. Un texto se avino en estas fechas... una idea feliz... un viaje futuro... un catalán empujando...
El 3 de Julio, cerramos la bonita etapa de “TAPE” y estrenamos nuestra “Fuenteovejuna”...bueno, no lo hicimos porque llovía. Mucho. Granizó y todo ese día...Así que lo retrasamos al 4 de Julio. Mala suerte. Es la primera vez que me pierdo mi propio estreno. Ese 4 de Julio estaba ya en Figueras, encendiendo el motor de “Metro” al mismo tiempo que se prendía el amor entre Laurencia y Frondoso.
Tres días en tierras catalanas para conocer a la compañía “Tequatre” que sería medio cuerpo de lo que habíamos decidido hacer para el FITAG 2014.
Julio también cerró la gira de Coque Malla, pero eso que lo ponga él en su web.
Dos meses de trabajo, a caballo entre Madrid y Cataluña, entre Alcalá de Henares y Figueres con la cabeza puesta en disfrazarme de otra persona, y como decía Aute, con este sentimiento tan terrible...
Así tan acompañado, llega  Agosto para estrenar en Figueres “METRO” y hacer que sus lineas lleguen a Girona y  Palafrugell. Unas funciones increíbles, con un alma en el escenario. Doce días de trabajo intenso a finales de mes para lograr que latiera un solo corazón a ritmo, de Zaz y su cajita y de unos paseantes tan perdidos como yo, que se encontraron en una luz...
12 meses...
94 almas...
68 representaciones...
9 compañías...
8 estrenos...
5 casas...
4 empleos...
2 mudanzas...
1 duda...

Así llegamos...


...September...

sábado, 26 de julio de 2014

...sin mi, sin vos, sin Dios...

Estoy roto. Partida el alma en dos. Sin ganas de otra cosa que ver pasar el calor y la noche una cosa detrás de otra. Con el llanto apretado en cada respiración y el pecho oprimido a cada suspiro. Sin aire, sin vida. No lo entiendo... de lo mas bonito, de lo más grande, de lo más inmenso nace este dolor mudo que se ahoga sin poder salir. Nada sirve, nada calma, nada mitiga. Ni la esperanza ni el egoísmo ni la vida de los otros me lleva a ningún camino. Me muevo despacio para no cansar este cuerpo débil y dolorido, en silencio para no recordar sonidos que despierten los mas profundos pensamientos sentimientos, desnudo por la casa para no sentir más peso que el de la propia piel, intentando golpearme para destruir los recuerdos. Aquellos recuerdos. Los recuerdos felices, las promesas felices, las felices palabras que me asesinan. Desespero en mi ignorancia, en mi no saber moverme por este angosto laberinto que me lleva a ti. Que me duerme en ti, que me hace respirar en ti. No me quedan más palabras. No me quedan mas oportunidades porque nos las hemos quitado de las manos. No me queda nada posible por lo que llorar. Sólo quedan los imposibles. Mis manos tiemblan sin sentido, sin fuerza, sin conocer causas ni motivos. Mi voz se apaga y titubea en cada acento sin lograr sacar el aire que obstruye mis entrañas. De lo más grande nace este dolor. De lo mas pequeño esta vida. Anhelo la mirada, el pensamiento y el celo. Celo que nunca existió y que ahora se clava a cada minuto de tu distancia. De lo que no soy capaz, de lo que no puedo evitar, de lo que no sé superar. De mi egoísta vida que te quiere tener cerca en la lejanía de tu deseo. La obsesión se apodera de mis venas que se excitan a cada paso sin ti. Mi alma, mi vida, mi sexo, mi cabeza, mi cuerpo, mi pensamiento, mi envidia, mi sonido, mi latido, mi brecha eterna entre lo que soy y lo que deseo. Entre lo que te ofrezco y lo que quieres, entre la felicidad y el desorden. De esta muerte que sufro que no puedo remediar, que no puedo mirar, que no puedo enterrar. Así pasan los segundos de este exilio que nunca acaba, que siempre vuelve, que ahora llega. No necesito nada de ti. No te necesito para vivir. Soy uno grande sin ti. Soy el amo de mis pasos y dueño de mi destino. Soy aquel que levanta vuelos y miradas. Nada sirve, nada calma, nada mitiga. Es la letanía que me repiten los sonidos que no quiero escuchar. De todo lo que soy, de lo fui y de lo que seré. Las lagrimas que me caen a cada momento de tu ausencia de tu recuerdo de mi vida me recuerdan la sal de tu piel. Así pasa este tiempo infinito que me odias. Así pasa este tiempo infinito que me amas. Así muero sin ti, igual que muero contigo, porque este amor infinito que me quema, lo hace igual cuando te miro. Porque estas ganas de morir son las mismas cuando me rozas en la noche. Porque no hay diferencias entre este amor y esta vida, que la de partirme el alma en dos y darte el trozo que manchaste. Porque igual es esta vida sin ti que con la cercanía de tu mirada. Roto estoy a tu lado, pero completo de tenerte. Así es también cuando me sonríes y cuando te beso, la misma muerte, la misma pena. Feliz de encontrar ese camino que me llevó. Recuerdos de escasos tiempos. De esos que alumbran la tierra. De esos eternos que nunca se acaban. Estoy roto, partida el alma dos.
La mía y la tuya.

lunes, 16 de junio de 2014

Inflexión.

Me canso... anoche me dormí sin querer, por pereza vital, por morir, por dejar de ver un día... Me canso de luchar y sonrío, porque busco señales, porque busco personas, porque busco motivos para seguir con el alma en otra parte. Me canso porque a veces me oprime el pecho, o me duele el hombro, o me estalla la cabeza y no puedo solucionarlo... Me canso porque no puedo descansar sobre la piel que me llama, sobre el pecho que me calienta... Me canso de todo... En mi cansancio me siento triste, me siento forzado, me siento pobre sin poder ofrecer nada porque lo que ofrezco no basta para no pensar en nada más... Me canso porque no quiero bien, porque no quiero... Me canso porque busco estar cerca de todo y lejos de nada... Me canso porque lo sencillo es complejo y no puedo hacer nada por eliminar el ruido que interfiere en la melodía... Me canso de evitar dar salida a lo que siento, de esconder los gritos, de apagar las ganas de incendiarlo todo. Anoche me dormí alejándome de los sueños, sólo porque mi cuerpo lo necesitaba, sólo porque mi alma lo pedía y me canso y suspiro y respiro lento... Me canso...o no...
No me canso y lucho porque todo pasa, porque sé que las cosas son siempre mejores... No me cansa y me despierta el sentimiento de primavera que me calma y me hace no dejar de sonreír... No me cansa vivir sintiendo que siempre podré estar ahí sentado contando lunares en sueños ajenos... No me canso para llegar a todo, a todos, a dar sin esperar más para que el tiempo no pase... No me canso de sentir la alegría de una mirada furtiva de un amante bandido, de la vida pasar con el calor del momento, de sentir la fuerza de las palabras de la esperanza de ese mensaje que nunca llega... No me canso...

Ich warte auf dich...

lunes, 14 de abril de 2014

32.

Estaba hambriento. La verdad es que no le suelo hacer mucho caso a mi estómago. No debemos caer en las condenas que nuestro cuerpo nos impone, o que trata de imponer, dándonos sueño, o hambre, o dolor de pies. Me sonrío al recordar un chiste que me contó un camionero cuando trabajaba repartiendo flores (pero quizá todo eso sea otra historia) El caso… por alguna razón decidí hacerle caso a mi naturaleza necesitada y tomarme un tiempo para malcomer, y al pasar al lado del mercado aparqué para hacer un alto en el camino. Aún me quedaban veinte minutos… Volví al coche para degustar mi estupenda empanada y mi zumo escuchando la radio. Entonces los vi. Pararon su coche, unos metros más allá, en la acera de enfrente, dándome una posición privilegiada para mi voyerismo. Debían venir de algún viaje; él bajó para ayudarla con la maleta y sacar esta de la parte trasera del coche. Al cerrar el maletero, se quedaron mirando unos segundos, y luego se besaron. Aparentemente era una despedida, o eso es lo que todas las pistas nos llevaban a creer; pero parecía un reencuentro. Se besaron apasionadamente. Como si fuera la primera vez que se veían después de un largo tiempo deseándose, como si hubieran tenido que reprimirse durante días y por fin podían dar rienda suelta a toda esa ansia. Por un momento me sentí incómodo, figurándome que estaba violando ese momento de intimidad (luego pensé que eran ellos los que estaban en la calle y se me pasó) Se besaban en un imaginario apocalipsis por el cual mundo se terminara y no volvieran a verse, tal si fuera la primera vez. Volvieron a separarse (yo creo que para tomar aire) y volvieron a mirarse. Se sonrieron y se despidieron. Ella bajó la calle con su maleta y él quedó un instante mirándola antes de volver a subirse al coche para desaparecer. Me quedé con mi zumo, pensativo. Recordé un artículo que había fusilado de alguna página volandera de internet que se titulaba algo así como “hay que buscarse amantes” No recuerdo el título exactamente, pero se parecería bastante. Aquellas líneas no hablaban únicamente de amantes desde el punto de vista sexual, sino pasional, y por extensión no era sólo de personas de lo que aquella reflexión trataba. Hablaba de la necesidad de encontrar una motivación diaria, una pasión que nos haga levantarnos cada día para comernos el mundo, para “tomarnos el día de mano” y no dejar pasar ni un momento, ni un segundo, sin desear hacer aquello que estás haciendo. Asesinar a la rutina con el deseo, casi furtivo, de aquella cosa que se sale de nuestro confort, de nuestra vida acomodada, y que es casi furtiva en nuestro día. Como ese amante. Como ese ladrón de besos que se esconde tras las esquinas para pedirnos que no gritemos mientras se acerca a nuestros labios a robar un beso para salir corriendo. Hay que tener amantes, hay que desear. Supongo que en estos tiempo tan grises, en los cuales a veces nos agarramos a trabajos, resultados e incluso personas por el mero hecho de la seguridad presente, pensar en el bienestar del alma se nos queda largo. Trabajamos por el sustento, a todos los niveles, y hacemos que poco a poco la vida nos coma terreno; olvidemos las locuras de niños, de adolescentes sin dos dedos de consciencia, de locos pervertidos que queremos hacer el amor en cualquier parte, y nos apresuramos a formalizar un estado civil con el mundo que nos de algo parecido a una vida normal. Hay que tener amantes. Hay que ser ladrones de almas y volar. Hay que besarse como si fuera la última vez que fueras a ver a esa persona. Lo demás no sirve….

Apuré mi zumo, y mandé un “wassap” al trabajo, mintiendo descaradamente, aludiendo  a un terrible y repentino dolor de algo, que evidentemente me impediría trabajar, pero no hacer el amor y robar unos suspiros…

miércoles, 20 de noviembre de 2013

31.

Digo muchas cosas. A veces pienso que demasiadas. De manera que hasta yo me doy cuenta de la cantidad de verborrea que acumulo. Y todo para que finalmente ninguna de esas palabrerías acabe por llegar a ningún lugar. Después, pienso entonces, miento más que hablo y nunca cumplo con todo lo que anuncio. Las palabras que se lleva el viento como todo el mundo sabe, y hay que darlas con peso específico. A pesar de que puedas pasarte la vida farfullando es bastante posible que nunca llegues a comunicar nada, que hables con las paredes de manera más fluida que con las personas, las almas y los cuerpos. Quizá solo piense que el producir sonidos guturales construyendo palabras en un código conocido sirve para pasar por la vida de una manera justa y digna y personal y única y reconocible y perfectamente clara.  Pero la realidad es otra. La realidad nos sitúa en un mundo de nuevas y maravillosas formas de comunicarnos más allá de la palabra, y nos deja incomunicados en este orbe en el cual la comunicación instantánea nos lleva de un lado a otro, y nos aísla de la necesidad de miradas, de gestos, de tactos y de imágenes. La evocación se queda atrás para ser adelantada a velocidades incontrolables por líneas de texto, con caracteres mínimos que nos concentran, por abreviaturas que nos hacen irreconocibles y facilitan que las voces se acallen en el aire para gritar en nuestras cabezas.  El futuro de las comunicaciones elimina las palabras que somos capaces de pronunciar por aquellas que somos capaces de leer. La información visual, la inmediatez, la insensatez de pensar que con más medios transmitimos mejor. Antes buscábamos el hueco de nuestra línea de tiempo para en la distancia hacer esa llamada que nos introduzca en las vidas de las personas lejanas. Ahora puede que simplemente leyendo nuestra TL encontremos un RT y fue aquella persona de la que estamos interesados la que al hacer un MD a otro conocido que decidió ampliar con su MT y crear de la nada un TT que nos informe.  Disfruto con el uso de la palabra. Enrevesado dilema de dialéctica inútil que enlaza las palabras sin aparente sentido. Disfruto con el buen uso de la comunicación e intento siempre hacer que la imaginación vuele al recrear en aquellas conversaciones, escritos y miradas todo lo que a veces no soy capaz de transmitir o comunicar. Cuanto tiempo que recordar, en ese pasado de los primeros escritos a mano, a bolígrafo bic, en un papel mal cortado dejando un reconocible anónimo entre los libros de una enamorada, versos que no sirven de nada, si al levantar ella la vista de su mesa no encuentra la mirada cómplice del furtivo poeta de instituto. Se escribe de la muerte de la palabra, de cómo el wassap, el twitter, o el line, lapidan la comunicación y afectan a las relaciones, sin darnos cuenta que los asesinos de aquella cautiva palabra somos nosotros mismos al no saber frenar el tiempo, que textual se pierde entre puntos suspensivos sin otra ayuda que empujones literarios. A mí me gusta usar todos esos vínculos. Aprendo a usarlos, a generar en ellos aquellas palabras que me gusta tanto usar, y que a veces pienso que uso en demasía sin decir nada. A veces simplemente a veces, queremos decir y sabemos cómo hacerlo… y lanzamos palabras para que otros imaginen historias…

LOL… y a correr WTF?

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Año Cinco.

Vacío. Ante el folio blanco que me mira. Líneas que se han borrado mil veces y que se han escrito sólo por el deseo de pensar que todo puede estar bien, que se puede seguir otra rutina. Para escribir hay que escribir. No hace mucho tiempo en un viaje en el metro, lo comentaron cerca de mí: “a veces nuestra vida, nuestros pasos, nos llevan a un destino que deseamos, pero tenemos que dejar atrás la creatividad para avanzar. Es un lastre”. La desesperación, el desasosiego, las ganas de tener entre manos esa idea maldita que nos produzca tal desazón que irremediablemente nos lleve al imperativo de alumbrar al mundo. Son lastres. Pero debemos ocupar nuestra cabeza con otras ideas más superficiales, menos íntimas, pero a su vez necesarias (o al menos eso nos hacemos creer) para caminar por esta vida que planteamos. Pasa el tiempo y a veces no se encuentra el momento, ni el espacio, ni la compañía. Pasa el tiempo y parece que no podemos detenernos a desocupar ese pequeño rincón que es aquella idea que es aquel recuerdo. Las ideas son como las enfermedades latentes, esperando un impulso que las haga activarse. Pero tenemos la pólvora mojada. Tenemos que comer, que vestirnos, que entrar y salir, que ser productivos, y quizá, quien sabe, esto sólo sea perder el tiempo. Encontramos en el camino aquella persona que nos ilumina, aquel trabajo que nos despierta, aquel lugar que nos hace respirar, aquellos amigos que nos motivan, y que alimentan el espíritu, pero entonces dejamos de sufrir por el folio en blanco. El tiempo de una palabra a otra que nos mueve para no dejar de pensar en lo importante. Rutinas que por un momento sólo queremos aceptar porque no son más que segundos programados para una vida mejor. Ahora es el momento de los puntos de inflexión, de los retornos y de los caminos escondidos que debemos explorar. Dejar atrás miedos y sombras, y dejarnos arrastrar por nuestra propia corriente. Otra vez. Al menos hasta que volvamos a morir, y tengamos que resucitar como cada vez. Quién sabe si esas muertes no son sino pequeñas pausas, estados de limbo, paradas de emergencia. Hay que usarlas para resucitar, no para desaparecer. El folio en blanco, el cursor de Word que parpadea insistente demandando actividad, el ventilador del ordenador como banda sonora de un silencio que dura demasiado. Lo pienso cada vez, incluso en el día más gris lo he dicho…nunca he dejado de escribir…simplemente he dejado de fluir, he dejado de compartir, he dejado de crear cosas inservibles porque pensaba, creía, apostaba por la creación de cosas que valieran la pena. Que error tan grande no darse cuenta del mínimo esfuerzo que hay que hacer para poder cultivar cada día un poco ese huerto fresco sin abandonar las luchas en las ciudades. A veces nos arropamos de tristeza, de frustración, de auto complacencia para resistir. A veces creemos que el sufrimiento nos guía y nos da fuerzas. Nos mentimos porque es más fácil, porque lo maldito tiene más empaque que lo florido. No sé a dónde voy, ni tengo brújula para mi destino. Seguiré caminos cortos y largos, buscaré a quien acompañar o a quien engañar cuan Lobo a Caperucita; cambiare palabras por deseos y amigos por monedas y rescataré al mundo de su ostracismo… o no… o simplemente recordaré de vez en cuando aquellas batallas imaginarias, con las calles de un pueblo por trinchera, los coches ignorantes por enemigos, y el paraguas por fusil, para saber que las rutinas, que las desesperaciones, la vida que creemos, no puede enterrar indefinidamente las sonrisas y las motivaciones.