viernes, 6 de febrero de 2015

gente normal.

Cuando sonó por tercera vez el segundo despertador de la mesita de la derecha saltó de la cama como un resorte para correr a la ducha. Revisó la ropa que había dejado preparada la noche anterior y abrió la ventana para que entrara un poco de aire de la mañana. Se lavó los dientes, con la pasta de flúor, y después de quitarse el pijama, doblarlo y dejarlo colocado pulcramente en el tercer cajón, entró a su agradable agua a 38 grados. Se lavó el pelo, lo enjuagó, volvió a lavárselo, y se enjabonó de arriba a abajo durante 10 minutos. Después de la animosa ducha se aclaró y escurrió meticulosamente cada parte de su cuerpo, secándose el pelo, brazos, torso, piernas y brazos. Salió del baño y se vistió con cuidado desde los pies a la cabeza. Colocó la toalla, recogió el baño, y cerró la pequeña ventana que evitaba la condensación. Hizo la cama cuidadosamente, colocando cada uno de los elementos en su sitio habitual: cojines, almohadas, manta, colcha y el edredón térmico de media densidad. Puso en hora los despertadores y se dirigió a por su primer café, el de las 7.45 de la mañana. Lo acompañó con un zumo de dos naranjas, con tres tostadas (dos de mantequilla y una de queso) El café mezcla molido con leche semi desnatada. Todo preparado mientras escuchaba las noticias en la radio. Fregó los cacharros del desayuno, recogió la cocina y apagó la radio para empezar a disponer la jornada laboral; no sin antes pasarse el hilo dental, lavarse los dientes (ahora con la pasta blanqueadora) y refrescarse con su elixir bucal sabor menta. Era la hora ya de encender el teléfono. No entendía muy bien a esas personas que dejaban el teléfono encendido durante la noche. Mucho menos a las que lo dejaban además en la misma habitación en la que duermen, no como él, que lo guarda en un cajón en el mueblecito del salón. Antes de salir a la calle aún tenía un par de cosas que hacer. La primera recoger la ropa tendida. Toda ropa negra, que es la colada de los miércoles. No como la de los jueves que es la de color o los martes que es la blanca. Además cerró la ventana del dormitorio. Por último, ya con todo preparado para salir y revisadas demás ventanas y luces para no perder energía calórica durante el día, pasó a la pequeña habitación. Allí pudo ver con tranquilidad que el hombre seguía inconsciente, y que las heridas de los golpes casi no sangraban. Le aflojó un poco las cuerdas que lo ataban a la silla, notando entonces que se despertaba. Los ojos llorosos, hinchados, lo miraban con pena. Comprobó que la cinta que tapaba su boca aún seguía bien sujeta. Dejó un pequeño resquicio abierto en la ventana para que la habitación ventilara un poco. Pensó que sería suficiente. Se acercó al cuerpo desnudo y ensangrentado de aquel hombre para despedirse:

-         - No te preocupes mucho. No queda nada. Esta noche volveré temprano y te mataré.


Cerró la puerta de la pequeña habitación con llave y la colgó en el cajetín con el resto de llavines. Aun le quedaban cinco minutos para seguir sus rutinas y salir de casa como siempre a las 9 de la mañana. Decidió emplear aquel tiempo en colocar los cojines del sofá, que parecían dispuestos con cierta anarquía.  Al salir comprobó la pequeña pizarra colocada en la puerta, en la cual se recordaba no olvidarse de: llaves, documentación y teléfono. Ya en el rellano, mientras esperaba al ascensor, volvió a palparse los bolsillos para comprobar que todo estaba en su sitio y poder cerrar con la seguridad de no dejarse nada importante dentro. Bajó a la calle y comprobó como el restaurante chino de la esquina había vuelto a dejarle publicidad en el parabrisas. Lucía el sol. Parece que hoy sería un día bonito.

viernes, 9 de enero de 2015

37.

El atardecer tiene ese color romántico que sólo se puede ver desde un lugar sin cerebro, desde una posición meramente bucólica. Si se mira con los ojos de cualquier manera perderá todo su idealismo. El ocaso. Paradoja y metáfora todo en uno. Así empieza el año, con un atardecer. El día primero parece que se vende a los deseos más carnales y aunque no todo el mundo lo vive igual, en este caso se ha dejado llevar por festejos y fiestas y excesos de una noche única, vieja e irrepetible. Así, el atardecer es lo que despierta al entrar por el ventanal y no el amanecer, con similar luz pero diferente orientación. Noche americana. Con esa luz tan peculiar reflejada, y el café del desayuno a las cinco de la tarde, aparecen los nuevos propósitos de este año que acontece. Propuestas de nuevas vidas. Alguno de aquellos deseos, o buenos o nuevos deseos deben ser accesibles. Lo dicen todas las revistas de nuevas y vitales calidades. No sirve de nada establecer una meta inalcanzable para nuestra propia conciencia. El lunes empiezo. Así me digo sin saber en qué día amanezco, perdón, atardezco. La ducha suena y me saca de mis cavilaciones. Un nuevo año que llegó con un propósito corpóreo. Siempre aun así, a mí me gusta llevar a mi lista de anualidades alguna cosa más romántica para intentar cumplir en el nuevo año. Las realistas, las verdaderas llegarán a cumplirse en función de la realidad anual, como los programas políticos, en función de la realidad social. Quiero correr más, quiero comer mejor, quiero dejar de fumar y beber menos los fines de semana. Quiero leer un par de libros al mes como cuando estudiaba en la universidad. Quiero volver a tocar la guitarra. Quiero ser más ordenado. Quiero ser mayor… y de repente se cruzan ya los ideales a cumplir en doce meses. Poder sentir que hago feliz a mis amigos y a mis amigas desde esta lejanía que da vida. Pensar que se puede reír mucho más con los pensamientos positivos que con los negros nubarrones de las almas atormentadas. Me gustaría desear que durante los próximos trescientos sesenta y cinco días mi angustiosa existencia se irá calmando para encontrar una luz menos oscura. Quiero ser feliz y no dar pasos que compliquen esa sencillez. Quiero pensar que se puede respirar sin mirar una agenda. El agua de la ducha deja de caer escandalosa y me anima a llenar otra taza de café para esperar. Quiero aprender inglés. Quiero escribir todos los días unas líneas para terminar una obra maestra. Quiero ir a mi oficina en bicicleta todos los viernes. Quiero decirles a las personas que me importan que las quiero de verdad sin importar el rubor que me causa sólo el hecho de pensarlo.  El atardecer romántico se oscurece un poco para dejar paso a la noche que nos volverá a cubrir en lascivas reflexiones de día dos. Noto que unos brazos mojados se agarran a mis pensamientos para enfriarlos. Dos latidos que se acoplan en un primer atardecer. Me toca ir a la ducha, a continuar con la lista de propósitos, a limpiar los restos de los malos pensamientos que se agarraron al pasado año y a repasar quizá la enumeración de aquellas acciones que en una fecha similar llegaron y que ahora deben salir para dejar su espacio a las nuevas ideas. Quizá en este repaso visualice victorias de realidades conseguidas y que ahora no encuentro. Aquellos brazos sujetan su taza humeante. La mirada enorme me inquiere sobre mis pensamientos. La casa está tranquila. El día está tranquilo. La vida aún no ha comenzado en este día que ya parece que termina. “No pienso nada” miento con descaro para ser descubierto. Nunca pienso en nada. La luz del amanecer llegará en unas horas, y nos volverá a sacar de sueños y de ideas y de lugares horizontales para reactivar la memoria de estas ideas, de estos propósitos ficticios y reales, románticos y factibles.  El nuevo año llegó con un desperfecto desorden de vidas. Nos deja oportunidades para celebrar y el propósito de enmienda de los errores, de los aciertos. Ayer brindamos por el año que se terminó, porque se lo ha merecido, porque nos ha soportado y porque nos ha sobrevivido. Ahora, con pensamientos de nuevas aventuras, de nuevas vidas, de nuevas almas y caricias, tenemos la virtud del nacimiento.  Noto el agua caliente caer. Cierro los ojos. Los brazos mojados vuelven a rodearme, y me sacan de pensamientos excesivos… Quizá ahí fuera,  sigue el atardecer esperando el nuevo día.

martes, 23 de diciembre de 2014

Lyubov'

Salí del apartamento con la sensación de dejarme algo importante. Básicamente la conexión wifi. Pensando que poco podría pasar en esta mañana de domingo, fría y nevada, mis pasos se encaminaron por la pequeña calle Leontyesvkyi dirección Tverkaya. Mientras aligeraba el paso para llegar al metro pensaba que al final, las calles, sean de Moscú o de Móstoles o de Madrid, son iguales en todos lados. La aventura del metro estaba muy estudiada, sólo tenía que llegar hasta la parada de Pushkinskaya (línea morada, recuerda, línea morada) y hacer un transbordo en la Plaza De la Revolución. Luego ya todo en la misma dirección (línea azul oscurocasinegro) La teoría que había memorizado gracias a google estaba fácil. Pero los rusos son muy suyos, y dónde esperas que ponga “Ploshcad Revolutsii” hay una serie de símbolos que ni siquiera soy capaz de leer…. Malditos… Aun así, memorizando un poco los jeroglíficos, y contando paradas, todos los caminos llegan a Roma. O al mercado. El Metro de Moscú es bonito. Así en plan soviético, con las estaciones amplias y marmoladas y llenas de estatuas y pinturas y rusos y soldados. Las máquinas para vender billete tienen en grande un opción para poner el menú en inglés, (yes, very well fandango) 40 rublos de viaje (algo menos de un euro) Recuperé un poco la sonrisa al conectarme al wifi-free de los vagones, y poder hacer un poco seguimiento de por dónde andaba. La verdad es que no hay mucha diferencia: mismas caras de sueño, mismas miradas perdidas y todos pendientes de sus teléfonos. También hay músicos con acordeón. Mi parada de la línea 3 es Partizanskaya (esta era fácil de recordar, el fútbol es lo que tiene) Salir del metro también es una aventura. Yo pensaba que el cartel con el tipo corriendo indicando la salida era algo obligatorio… así que al no verlo me fijé en la gente y decidí seguir a los que tenían cara de “voy al mercado” Después de seguir a dos personas equivocadas y que me miraran mal, decidí buscar unas escaleras. Al salir del centro de Moscú sales de la parte turística también. Aunque el mercado de Izmailovo tiene mucho para los guiris, por lo que había leído, era lugar frecuente de los locales por tener un poco de todo. Una especie de Rastro pero que abre todos los días. Allá que vamos, como si fuera de San Petersburgo de toda la vida. Es un recinto, no son puestos de feria, y aunque está descubierto se puede pasear sin miedo a la fina nieve que cae. Es enorme y colorido. Tenía poco tiempo y sólo quería dar una vuelta para encontrar algún recuerdo sin los excesos del centro. Puestos de todo tipo: gorros, muñecas, cerámica, artículos soviéticos, camisetas con Putin, jarras con Putin, muñecos de Putin, llaveros con Putin… y comida ambulante a la parrilla. Una locura. Nada tiene puesto el precio, así que hay que preguntar, y ahí, en ese momento, es cuando al escuchar el acento, los comerciantes te dicen “Amigo” “España” “Euros” y sabes que te van a engañar. Como lo haría un español vamos. Entonces la necesidad me agudizó el oído y encontré a una pareja muy joven hablando entre ellos en la lengua de Cervantes y con los tenderos en ruso. Venezolanos estudiando. Y yo, una de las personas más antipáticas que conozco, haciendo valor para decirles: “Help, áyudame, en tu amistad he puesto toda mi fe” (bueno, así no, pero casi) Me explicaron que aquí se puede regatear por todo, pero siempre intentarán sacarte algo y mejor decir que eres estudiante (yo creo que ya no cuelo, pero me hizo gracia) Ocho Matrioskas, dos gorros, tres camisetas, un imán para la nevera, diez postales y cuatro jarras después, mis guías e intérpretes tenían que abandonarme a mi suerte. Comimos juntos unas brochetas a la brasa y les invité al teatro por la noche. No soy de hacer muchos amigos y ellos se quedarán aquí con un estupendo recuerdo en mi memoria. La vuelta al centro fue menos traumática. Sólo había que deshacer el camino (aunque me bajé una parada antes porque me despisté, en Teatralnaya) Me dirigí a correos a mandar mis postales y a mi café habitual, donde la camarera me sonríe, pensando en el pobre turista que pide las cosas señalando… Ahora ya tengo una conversación fluida con ella:
- Priviet, cofe smolocom, latte, as avoi, Jarasso. Spasiva. Paka. (Todo con acento de La Mancha)

miércoles, 3 de diciembre de 2014

35.

Lope lo tenía claro: “Atreverse”… Luego le dio un poco de literatura al asunto, pero el principio es el principio. Salimos a la calle y salimos a batallar. Parece que tenemos que luchar contra todos los elementos que se nos cruzan. Parece que para ser felices, para caminar, para disfrutar, para estar y ser, tenemos que atrevernos a las cosas, como si fuéramos unos cobardes por naturaleza con el miedo a vivir. Hace unas semanas, escuché una reflexión (escuché muchas esa tarde) que me quedó prendida: “trabajamos para ganarnos la vida” y la consecuente argumentación… parece que la vida no fuera nuestra. Evidentemente no le pasará a todo el mundo, ni todo el mundo tendrá una existencia angustiosa y habrá quien lo tenga fácil, o al menos no lo sufra. Cada cual busca y lucha a su manera, es cierto; pero ahí está el hablar de la vida y el  general de las consecuencias de nuestros pasos y el pensamiento final de que esta vida es un “valle de lágrimas” y no un “lecho de rosas” A veces me he negado mucho a pensar que para lograr la felicidad primero tenemos que sufrir; es la realidad aquella de creer que los triunfos logrados tras las penurias son más valiosos. Mentiras que nos decimos porque no nos atrevemos, porque no somos valientes, porque no afrontamos algunas situaciones, y tenemos que escudarnos en las sociedades del miedo. Yo no quiero sufrir… No quiero tener que sentir miedo a decir “ha sido fácil: llegué y triunfé” como si estuviera mal visto. Tenemos que ser valientes porque no nos queda otro remedio. De los cobardes poco se escribe. Nos aferramos a situaciones porque no nos atrevemos a dar pasos, porque a veces nos aterra la facilidad de la felicidad. Nos negamos aquello que nos dan porque nos educaron en la necesidad del sufrimiento. “Si no escuece, no cura” Atreverse… Deberíamos cambiar el valor de las palabras… luchar para que ese atrevimiento no sea a ganarse la vida, sino a disfrutar de lo que nuestra vida, ganada en propiedad por nuestros pasos, nos pone delante. Cada campo de nuestras horas tiene un atrevimiento… una valentía que superar, ante puesta seguramente a otros, más elocuentes que nosotros y que nos imponen sus vidas… los trabajos que nos aprietan, las relaciones que nos angustian, las personas que quieren ser y estar por encima de nosotros… luchas y atrevimientos para superar cada paso y cada estamento. Atreverse… ser valiente… tener cerca a quien nos socorrerá a levantarnos… atrevese a decir “ayúdame” es tan valiente como atreverse a afrontar los problemas y tomar decisiones firmes que nos hagan no sufrir. 
Pienso que esta vez no son tantas palabras sin fondo… porque a veces hay que atreverse a decirlas…

domingo, 16 de noviembre de 2014

Año Seis.

Llevaba unas semanas dándole vueltas este día... Pensando en escribir sobre este año de Amor. En este año de Pasiones. En este último año de intensas vidas. De letras apagadas, de canciones descubiertas, de miradas, de encuentros: para hablar de mi, de la Mujer, de montañas, de teatros del mundo, de palabras, de versos, de besos, de cambios, de casas, de lugares perdidos, de planes frustrados, de planes realizados, de miradas fugaces entre gente, de secretos, de listas interminables de acontecimientos que ocurren en semanas y segundos entre un año y otro. De la Luna. De lo que me mueve a escribir, de lo que me mueve a escribirte, de lo que me mueve a no recordar los sueños, de las necesidades de teclear año tras año palabras, entradas, post, e ideas felices y peregrinas. Llevaba unos días luchando contra los pensamientos espirituales, contra los deseos y contra los deberes. Echando de más y de menos, odiando sistemas, sintiendo rarezas de recuerdos, advirtiendo soledades y necesidades. Con el alma encogida y el corazón ensanchando su hueco. Llevo horas pensando... Ahora. Los aniversarios, nos impiden mirar al futuro porque se celebra el pasado. Se conmemora la duración y la permanencia. La resistencia al paso del tiempo, el triunfo de la continuidad. El peso de lo ya hecho. No es malo ni bueno, no es nada. Es el punto marcado para tener un recuerdo. Recuerdos. Mirando todo ese pasado, todo ese tiempo recorrido, al final, el deber que nos tenemos que poner es el de vivir cada momento para dejar un recuerdo cultivado, luchado y amado. Frases hechas que toman un poco de sentido común para no dejar sensaciones de fracaso, de no haber estado ahí, de no haber intentado vivir cada situación como si fuera la más importante de la vida, de sentir que aunque no es lo que debemos hacer, és lo queremos hacer; la espera, la continuación, la vida que queremos tener y no podemos. Es querer romper las distancias y los tiempos y las costumbres. Es llorar sin miedo delante de todos, es reír sin miseria, es amar de una forma casi pornográfica porque no dejamos de mostrarlo todo, de darlo todo, de mojarlo todo. Es vivir. Mañana será otro año. Mañana será tarde. Mañana sera el principio de otro final que nos moverá a otras entradas en otras casas. Mañana será otra silla en la que sentarse. Mañana no existe. Recuerdos agolpados será mañana. Aquí se encuentran todos y no se nombra ninguno... Aquí me libero de todo. Aquí le escribo a nadie pensando que lo lees tú. Aquí me invento una vida falsa camuflada de verdades. Aquí me despisto y me pierdo. Desde aquí puedo ser siempre un mentiroso. Recuerdo mis mentiras. Busco entre las lineas pasadas las verdades que dejé escritas para encontrar tantas lecturas como Ojos quieran verlas. Recuerdos tristes, porque parece que es lo que más nos gusta celebrar, aunque a veces me niegue, y me busque haciendo lo que me da la gana porque necesito sonreír a pesar de todo para recordar el momento. Llevaba minutos intranquilo, sintiendo que mi tristeza se quiere escapar, porque las pérdidas eternas nos empujan, porque nos frenamos ante la vida, porque necesitamos estar y ser y querer y dar. Me niego a tantas cosas... me niego a pensar que no se pueden recordar pensamientos futuros... me niego a no querer, a no amar, a no sentir cada paso, cada pasión, cada mirada y cada palabra, aunque me cueste la vida...porque no nos queda otra que buscar ese recuerdo que merezca la pena sembrar. Para que el día que no estemos, sólo puedan recordar que se murió viviendo todo. Para que el día que leamos otro año más, sea siempre un año menos de tristezas. Para enterrar a los enemigos, a las malas energías, a las desastrosas vivencias, a los dolores de alma. Cada año que pasa y escribo siento que pierdo algo, que dejo algo, que algo pasa... pero al mismo tiempo siento ganado un segundo de infinita paz, porque no se puede hacer de otro modo, no se puede hacer otra cosa que vivir con todo para morir sin nada que reprocharse, para morir sin nada dejado, para morir habiendo amado, escrito, actuado, leído, soñado, rozado, mirado, robado y sentir ese abrazo... El próximo año vendrán otras letras cargadas de tanta razón como estas tienen. El próximo año será la corrección de éste. El próximo, ése que empieza ahora, borrará como un diluvio los males adquiridos...

He llorado mucho este año. He amado más. He reído mucho este año. He ganado mucho más de lo que he perdido.
Todo queda escrito en tinta invisible...



                                                                                                                                     ...adiós Lalo...

miércoles, 29 de octubre de 2014

34.

...las diez y media...
No sabía muy bien si era tarde o temprano. Como horario diario, tarde: las siete de la mañana era la hora habitual, rutinas de viejo, que decían. Para ser domingo ocioso era temprano. Pero la cama no tenía ningún aliciente. Las camas vacías no tienen ningún atractivo. Cerró los ojos un momento para chequear los daños colaterales de la noche. Todo en su sitio, todo puesto, nada que reseñar. Sin salir de la cama, encendió el teléfono. Pensó que si fuera fumador lo primero que hubiera hecho es encender el cigarrillo. Repasó mensajes y buscó algún rastro no deseado dejado en el camino a casa. Respiración resignada restringida. No se puede así.
… once menos cuarto...
Ducha de purificación. Quitarse olores...humo de otros, copas de bar, perfumes de otras, sabores amañados, pensamientos impuros de recuerdos poco castos. Estaría bien que la tristeza se fuera por el desagüe. Los domingo amaneces triste. El agua rompe, quema, derriba, abrasa, cómo si quisiera conquistar la casa de un tirano.
..once y media...
Café. Solo. Amargo. A lo holandés. La mañana respira tranquila. Soleada, amable. Como si nada tuviera que ver con el mundo. La casa acompaña y deja que por sus ojos entre toda la luz, con ese color tan diferente que tiene el momento sin prisas, que juega entretenida con las sombras lentas de imperceptibles movimientos que hace que todos esos objetos inanimados puedan moverse por unos segundos. La radio canta palabras de Despedida. Vuelve a cerrar los ojos.
..las doce...y sin vender una escoba...
Justo a la entrada de la calle, tan de domingo con el mundo, hay un quiosco de prensa, que ocupa una considerable parte de la acera con todos los suplementos, revistas, panfletos, y demás accesorios. Un universo de posibilidades que se abre ante la multitud que aflora como caracoles en los jardines soleados. El periódico. El entretenimiento. El banco al sol. El pequeño jardín que aun mantiene la dignidad del césped. Las noticias. Los suplementos. Los reflejos en las gafas de sol. Las risas que se comparten. Los comentarios de aquel artículo curioso que no se hacen. Miradas cómplices bajo sombras. Recuerdos de otros domingos. Malditos todos.
...la una..
Teléfonos.
  1. ¿Cómo está papá?
  2. Sí, ya tengo los proyectos.
  3. ¿Cómo están los niños?
  4. ¿A que hora es la reunión mañana?
  5. Feliz cumpleaños.
  6. ¿Cómo está mamá?
  7. Mañana a primera hora si falta.
  8. ¿Cómo estás?
  9. ¿Que tal terminaste la fiesta?
  10. Al final no saldré hoy.
  11. Necesito que me envíes unas cosas hoy.
  12. Llámame cuando escuches esto...
  13. Me gustaría verte...
  14. Te extraño...
  15. ...suspiro...silencio... incomunico...
...las dos...
Sin hambre. Sin sueño. Sin alma. La cocina se agita. Restos de la semana para consumo propio. No hay gusto por cocinar. Males inevitables de la soledad. Mal necesario de la salud. Neveras rojas, platos blancos, vasos de IKEA. Noticias, informativos y la búsqueda de algún programa lo suficientemente aburrido para no tener que pensar en nada más. Quemar la neurona al amparo del sofá que recibe a Morfeo sin horarios. Acontecer de nuevos sueños vencedores. Repaso a las imágenes retenidas. Retina de memoria. Excitación. Amables siestas al amparo de mejores pieles nocturnas.
...las cuatro y diez...
Café. Dulce. Frio. Pervertido de leche. A lo español. Sonidos necesarios. Mesas de trabajo. Paréntesis temporales que convierten los domingos en cualquier otro día de la semana, porque las rutinas son las mismas, porque los pensamientos se evaden entren números, entre fechas, entre tiempos. Agendas que se abren. Miraba la suya con anhelo de tener todo lo escrito vendido. Así no pensamos mucho. Gastamos el valor más necesario. Gastamos el tiempo.
...las ocho...
“Viste
triste
Sol.”
Ocaso. Calle. De repente, se acuerda de su tristeza. Ya no hay sol impertinente. La chaqueta se hace suficiente abrigo para salir a pasear. A dar una vuelta por el bullicioso centro. A dar dos vueltas por el silencioso recuerdo. A dar tres vueltas de tuerca a tanta tontería. Refresca el ambiente y se nota la nariz fría. Pasos contados. Paso tranquilo. Paso entre gente anónima. Estaban todos. Menos tú. Volver a casa. Siempre se vuelve a casa.
...las diez y cuarto...
Wassaps:
  • “Que bien ayer”
  • “imagen”
  • “¿Dónde te metiste?”
  • “audio”
  • “Viendo una peli”
  • “no te olvides de llamarme mañana”
  • “imagen”
  • “Están poniendo una de buena en La2”
  • “¿Quien era la tia de ayer?”
  • “Que domingo mas tirado”
  • “¿Te apetece si nos vemos esta semana?”
  • ...silencio... “Hola”...
  • “Carita con beso”
  • “Carita con beso y corazón”
  • “Carita triste”
  • “Carita alegre”
  • “Carita de te hecho de menos pero no puedo decírtelo”
  • “Carita de tengo ganas de verte”
  • “Carita de recuerdos esfumados”
...las once y cuarenta...
Todo tiene un orden. Repara en su mundo, en sus pertenencias. En la necesidad de que todo esté preparado para la batalla del siguiente día. La ropa, los zapatos, el traje, la corbata a juego, la bolsa y la vida. Todo preparado para hacer guardia durante la noche. Se asoma a su balcón. Si fumara sería el momento del último cigarro.
..las doce...
“...y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido...”

Besos...
Beso.
Sueños...
Sueño.




jueves, 2 de octubre de 2014

..las palabras...

… La alacena, barnizada con esmero en un tiempo pasado, ofrecía una imagen ordenadamente rústica entre tanto libro acumulado con desdén en los estantes que flanqueaban inmóviles aquel mueble. En su interior, brillantes al paso del sol por el lucernario del abuardillado techo, los tarros se apilaban expectantes, como sabedores de que aquellos pasos firmes resonando por toda la casa, eran el prólogo a una llegada inminente ante las puertecillas acristaladas de aquel armario que los resguardaba; Él se acercaría, miraría interesado por todos los rincones, abriría las puertas y tomaría alguno de ellos... ese sería el pensamiento de los inertes objetos. Aun así, sin alma ni conciencia, hubieran sido acertados aquellos, pues él se acercó con determinación hasta ver su reflejo en los pequeños simulados dameros que conformaban los batientes. Abrió las puertas y escudriñó hasta el más ínfimo detalle de aquel muestrario: grandes, pequeños, altos, anchos, transparentes, opacos, viejos, nuevos y medio llenos y rebosantes... pero todos con el mismo contenido: palabras. No estaban todas las palabras, evidentemente. Toda la casa estaba repleta de libros, revistas, anuncios... novelas, ensayos, poemas, dramas, notas, curiosidades, papeles encontrados en rincones, servilletas con mensajes, fotografías de pintadas y tarjetas que acaparaban el espacio sin orden aparente, (que no en desorden), para almacenar palabras. Pero allí, en aquel refugio de botes, se encontraban aquellas sustraídas por alguna razón especial, por algún motivo particular. Cuando la palabra era peculiar, extraña, o simplemente merecedora de un recuerdo sentimental, él la susurraba. Primero lentamente, casi sin ruido ni sonido, como si se asomara al balcón de los labios pero no quisiera ser vista. La murmuraba sin descanso, hasta ir tomando cuerpo. El aire se convertía en palabra con algo de volumen, y la repetición le daba ser... así una y otra vez, una y otra vez... hasta que por pertinaz, el etéreo susurro se hacía visible, presente y corpóreo. Era ese el instante justo en el cual, él solo sólo podía atrapar con la punta de los dedos, con el suave roce de la yema de su índice y su pulgar aquel ente, casi vivo, que fuera o fuese aquella palabra. Tras agarrarla con cariño, la acompañaba hasta su lugar en la ya conocida alacena. Depositándola dentro de alguno de los tarros. Allí, especiales, espectaculares, sinuosas, polisílabas, se acumulaban las palabras. Sustantivos, adjetivos, adverbios, verbos y requiebros. Había muchas... en muchos idiomas... en diferentes formatos... de un lugar a otro se podía saltar de “cachivache” a “electroencefalografista” o podía decir “amor” o “love” o “Любовь” incluso observar “liebe” o aunar “t`estimo” inseparablemente. A veces en los más escondidos se encontraban las más antiguas, o casi en desuso, como “algarabía” o “alcoba” e incluso algunas curiosas, aunque no supiera muy bien lo que escondían, guardaba, y allí estaba “development” o “cinquecento” En otro, había guardado los modales y apretado “rozloučení” “agur” y “búcsú” Era pues, un sinfín de corpóreas palabras desbordando vidrios. En otro pequeño, por alguna razón que ahora no recordaba, o sí, quien sabe, había tres palabras inconexas “cereza” “polvo” y “silla” llegadas del mundo imaginario de los cuentos. Hoy, ensimismado, quería liberar alguna. Pensamientos de palabras presas que se habían agolpado en sus pesares, y decidido a dar rienda suelta para que por un día, quizá una eternidad, algunas palabras flotaran. Quiso convertir “Besos” en “Versos” y que aparejadas disfrutaran... Quiso liberar “caricia” para evocar alguna piel; escapada, sin permiso “enamorarse” tomo posesión de su propia conciencia. Observó cada una de ellas, revoloteando entre cajas de libros amontonados, entre huecos de luz y cortinas, entre muebles atestados de papeles. “Libertad” susurró... Él, el Guardián de las Palabras, dejó de preocuparse por ellas, para que fueran ellas, infinitas las significantes, las importantes, las extraordinarias. Aletargado por tanto movimiento, se dejó caer, vencido por fascinación en un polvoriento escabel. Allí acomodado, respiró. Cerró los ojos... Pensó en aquella nueva palabra que había cercenado su pecho y necesitaba sin demora sacar de su alma... Susurró... una y otra vez... pronunciando con cuidado aquellas letras... y ahí, delante, de nuevo, volátil y sólida...apareció aquella palabra...